por Ruben Lamas

Lo que en politica llamamos el campo popular, sus dirigentes, movimientos sociales, partidos políticos y otras expresiones representativas, nos debemos una reflexión, por el hecho de haber dejado un poco de lado la discusión, el estudio, y la comprensión de los temas técnicos, económicos, sociales  y políticos que hacen a la problemática agropecuaria.

La confrontación en torno a la resolución 125, referida a las retenciones a las exportaciones, acontecida allá por el año 2008, marcó un punto extremo entre las tensiones de la política con el sector agropecuario, que sometió al gobierno de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, a uno de los mayores desgastes, de su gestión.

Los sectores terratenientes más concentrados del poder económico y sus aliados de clase, tuvieron la habilidad de hacer prevalecer sus poderosos intereses corporativos, promoviendo  una alianza inédita junto a sectores  con los que históricamente se encontraban enfrentados,  todo esto acompañado por medidas de acción directa, como cortes de rutas,  asambleas , look out patronales,  quemas de campos con humaredas que invadían las ciudades y pueblos vecinos, generando una situación de fuerte tensión social, en medio de una maniobra mediática sin precedentes.

Debemos sacar conclusiones, luego de una experiencia tan significativa, con el firme objetivo de aprender de los errores, para trabajar, recomponer fuerzas, esclarecer nuestros objetivos  y mirar hacia adelante.

Para ello es necesario librarse de  prejuicios, situarnos en la realidad del momento actual, evaluar las perspectivas futuras, fijar posiciones y reconstruir alianzas con los sectores sociales y productivos del ámbito agropecuario,  cuya pertenencia histórica es el movimiento popular.

Debemos hacer un esfuerzo por comprender las características del sector agropecuario, el cual está lejos de ser uniforme, tiene una composición compleja, con diferencias productivas, culturales, sociales  y territoriales, además de la puja propia de fuertes conflictos de intereses.

Es  necesario encontrar puntos de confluencia, dado que las políticas neoliberales  ya comenzaron a hacer daños en sectores como los algodoneros del Chaco, la industria láctea afectada por el  cierre de tambos y la quiebra de Sancor,  serios problemas en la  industria del cuero, importaciones de carnes y manteca, cuando durante la campaña electoral nos habían prometido que seríamos el supermercado del mundo.

Claramente hay ganadores y perdedores  en la actividad agropecuaria, ganan los de siempre, los grandes, algunos  sectores se encuentran severamente amenazados  en cuanto a su viabilidad y supervivencia,  es a ellos que debemos interpretar, brindarle atención, apoyo, y una mirada esperanzadora, ya que en medio de un planteo de capitalismo salvaje neoliberal, rige la ley de la selva, es el mundo de los depredadores, el más poderoso termina con el más débil.

La fuerte tendencia al individualismo, que caracteriza a algunos emprendimientos productivos reforzado a su vez por el discurso oficial, puede ser muy contraproducente.

Por un lado existe una fuerte concentración de tierra y capital en  sectores como los terratenientes y latifundistas históricos, las multinacionales de los agro negocios,  proveedoras de paquetes tecnológicos, semillas, agroquímicos, maquinarias y otros insumos, pero también están aquellos  sectores vulnerables de las capas medias conformadas por pequeños y medianos  productores, campesinos sin tierra o  en condición de arrendamiento  precario, peones golondrina, trabajo infantil,  los quinteros afectado por ingresos ruines y condiciones de vida muy sacrificadas y  trabajadores no registrados, cuando no situaciones de cuasi esclavitud.

Ni que decir del histórico conflicto sin resolver de la pobreza estructural que conforma el gran norte Argentino,  como así también los derechos sobre las tierras que reclaman los pueblos originarios.

La concentración poblacional que se observa  en nuestro país, conformada por una zona delimitada entre Rosario y La Plata y la franja comprendida, desde la costa del Paraná y el Rio de la Plata hasta unos cincuenta kilometros tierra adentro no es para nada casual, la misma representa   cerca de un tercio de la población nacional, (según datos extraídos del último censo año 2010) lo cual constituye por sí misma una definición de país, cuya lectura analítica debemos hacer correctamente,  dado que las zonas rurales se hallan despobladas.

La Pcia de Buenos Aires tiene 50, 8 habitantes por Km cuadrado, Córdoba 20  y La Pampa 2,2. Por citar solo algunos ejemplos que muestran fuertes disparidades, en la Patagonia la densidad poblacional es aùn menor.

¿Como podría esperarse algún tipo de desarrollo en lugares despoblados?  Obviamente hay que estudiar las causas que hacen que muchas de estas zonas, perfectamente aptas para la producción agropecuaria,  sean prácticamente desiertos, tenemos  el derecho y el deber de hacerlo, y tratar de remediar estos problemas del desarrollo socioeconómico argentino,   dando un enfoque político sustentado técnicamente de acuerdo con la visión propia del sector social con el que nos identificamos.

No podemos tomar  la migración interna como un fenómeno natural, por el contrario, debemos, hacer énfasis en tratar de encontrar las causas, y sus posibles soluciones.

Estas breves reflexiones, intentan despertar el interés y servir como un disparador, para retomar estos temas y enfrentar la dinámica de los nuevos desafíos productivos.

El  desastre ecológico del monocultivo sojero, los pueblos fumigados y sus tasas elevadas de enfermedad deben ser denunciados como malas prácticas, y crímenes ambientales

Debemos promover el acceso a la tierra productiva para las jóvenes generaciones, su formación y capacitación técnica para llevar adelante las actividades agropecuarias, con sustentabilidad económica y ambiental.

La defensa de la tierra, el agua, el medio ambiente, el comercio justo, la agricultura familiar, la producción diversificada, la soberanía alimentaria,  el fin del latifundio y la explotación racional de la tierra, por medio de una distribución accesible, acorde a la zona y potencial productivo son banderas que debemos sostener como parte de la defensa de la vida, y de los derechos ciudadanos.